1. Creer en la Profesión de Promotor Publicitario. La acción del Promotor de Publicidad, tan digna y meritoria dentro del concierto de actividades útiles en el orden social , es razón más que suficiente para justificar un sentimiento que debe prevalecer, ya que , por su intermedio , se estimula el acrecentamiento del patrimonio económico -industrial y comercial-, vitalizando los recursos del Estado y del Individuo que forma parte de todo pueblo o país civilizado.
2. Observar la más absoluta honestidad en cuanto se relaciona con los Medios Publicitarios que representa. Se entiende que en toda competencia técnica determinada, que importa un interés directo y responsable para el Promotor que la cumple, la máxima pulcritud es lógicamente exigible, ya sea en los medios de persuasión como en los recursos lícitos que se empleen, para mejor atraer hacia sí a la parte interesada.
3. Respetar todas las confidencias que en el ejercicio de la profesión pueden serle hechas en su carácter de Promotor Publicitario. Por supuesto, es lógico y elemental guardar la más absoluta discreción y respetuosa consideración de juicios y opiniones, que se puedan ofrecer en el ejercicio de la profesión, ya que en ella estriba la moral del productor, la honestidad que garantiza la personalidad del Promotor y la seriedad del órgano o vehículo que representa.
4. Mantener siempre y por encima de cualquier interés económico la fraternidad con el hombre “APPA” sin querer sacar ninguna ventaja sobre él. Tratándose de una Asociación donde el sentimiento solidario debe primar para facilitar, si cabe, el prestigio de una actividad calificada en los pueblos más prominentes y evolucionados, el Promotor, debe cuidar con rigor inflexible la observancia de ese decoro y consideración hacia el colega, en todo momento y oportunidad.
5. El Promotor y el Cliente: Dos ramas y una sola potestad. Siendo en verdad la misión del Promotor, sugerir la influencia beneficiosa que tiene la propaganda orgánica e inteligentemente dispuesta para el acrecentamiento de las ventas, cabe reclamar que todo Promotor, lleve también el convencimiento de la eficacia de lo que vende. La seguridad en la oferta otorga personalidad.
6. El agradecimiento de un cliente brinda a “APPA” un motivo de orgullo y afianza el prestigio de la entidad: Es de suyo un significado de la mayor complacencia para un organismo como el que nos cuenta, poder establecer, con la frecuencia posible, notificaciones de clientes agradecidos a los oficios del Promotor, ya que en ello finca , precisamente, la confirmación del éxitoy sentimiento solidario que importa a todos y cada uno de los asociados.
7. Dignificar la Profesión: Lo que vende el colega es siempre muy bueno. Considerado este aspecto, desde el punto de vista de la ética y la moral solidaria que debe prevalecer en toda circunstancia, creemos oportuno reclamar la observancia respetuosa hacia el esfuerzo del colega, desde que, de su éxito o infortunio, depende también la cristalización de valores que importan, por igual, a todos los integrantes de “APPA”.
8. Decir siempre la verdad para evitar suposiciones que puedan provocar un equívoco. Cabe reiterar aquí que la Verdad , como norma de nuestras actividades , puede y debe ser el índice de las mejores y más dignas posibilidades. La Verdad es siempre la Verdad. Con la Verdad se evitan interpretaciones ajenas al propósito de colaborar dentro de lo lícito y específico que corresponde al Promotor. Hay que ser digno, pero sin altivez; enérgico, pero bueno; bien vale la pena ser bueno, para conformarnos en un mundo mejor.
Este código de ética es el que rige en la Asociación Profesionales de Medios (A.P.M.). En su comienzo, el 28/07/45, su denominación era: “APPA” (Asociación Promotores Publicitarios Argentinos); hasta noviembre del año 85, donde cambió por la siguiente: Asociación Profesionales de Medios.